domingo, 22 de marzo de 2009

Kurt Kappler

Hombre que caminaba por los páramos. Andaba encorvado con mucha dificultad y casi arrastrandose. Respiración pesada e irregular (por los pulmones ardiendo). Llevaba varios días bagando por los páramos. Tenía los ojos cansados y hndidos, apenas veían mas allá de lo que tenía delante. Llevaba horas dando vueltas sin rumbo fijo esperando que le llegara la muerte.
Vió más de una docena de sombras humanas. Tenía las manos llenas de bultos y la piel quemada por la radiación. Se calló al suelo de rodillas. Con un poco de suerte moriría antes de que lo llevasen a ninguna duma, no quería ir a ninguna. Había huido de una de ellas.
Logró echarle un vistazo a las sombras despues de un gran esfuerzo. Sobrevivió comiendo los pequeños animales mutantes que cazaba y bebiendo agua de estanques contaminados. Haía perdido el cabello y estaba casi ciego. los bultos eran tumores provocados por la radiación. Se le caía la piel a pedazos, tenía la sangre envenenada, los pulmones abrasados y el sistema digestivo casi destrozado. Le pidió a los salvajes que lo mataran. Se desmayó. Cuandop recobró la consciencia estaba en un bosque, atado a un árbol, sentado sobre la hierba, escuchando los cantos de los pájaros.
Lugar de nacimiento: Duma Kendas
Los Ruadh querían ejecutarlo pero Hana habló con el jega Conall y le pidió su vida.
El urbanita pertenecía a una buena familia; pero, por alguna razón, algo había salido mal en las planificaciones de los genetistas, y había nacido con un defecto congénito: le faltaba parte del cráneo. Eso no había supuesto ningún problema para él, puesto que la ciencia en las dumas podía hacer cosas tales como dotarlo de un cráneo artificial mediante una sencilla operación.
Había pasado treinta años viviendo con su cráneo artificial sin tener un solo problema. Pero, transcurrido este tiempo, algo había empezado a cambiar. Primero eran pequeños pinchazos en la sien, después se convirtieron en jaquecas crónicas, luego en una migraña casi permanente. Lo había probado todo, pero los médicos no lograban remediar su mal. Le hicieron multitud de reconocimientos y todos concluyeron lo mismo: estaba sano, no había ningún problema en su cabeza, su cráneo no estaba deteriorado.
Los dolores se hicieron casi insoportables. Kurt dejó su trabajo en la gran empresa Protogen, abandonó a su familia, dejó de ver a sus amigos. Descubrió que los dolores se hacían más intensos cuando pasaba cerca de la alta torre que habían construido en el centro de la ciudad; se quejó al Consejo, pero le dijeron que era imposible que la actividad de la torre provocara sus migrañas, porque en ningún caso afectaba a los seres humanos.
Sin embargo, Kurt sabía que no era así. Se fue a vivir a otra duma, pero sus dolores no desaparecieron. Finalmente, loco de dolor, se atrevió a abandonar la ciudad y a internarse en los Páramos. Lejos de las dumas, las migrañas cesaron, pero la contaminación de aquel lugar maldito comenzó a envenenar su cuerpo lentamente.
Si pudieses elegir, ¿adonde irías?
Kurt calló un momento. Sus ojos se nublaron.
—Iría a un lugar donde existiera la paz. Un lugar don de mi cabeza pudiera por fin quedar en silencio.
—Entonces allí es a donde irás, Kurt Kappler de Duma Kendas —susurró la muchacha con dulzura.
Kurt no se preguntó por qué conocía ella su nombre. Cerró los ojos y una maravillosa sensación de bienestar lo recorrió de arriba abajo. «¿Será magia?», se dijo, absolutamente aterrado. Pero no tenía fuerzas para resistirse.
El dolor cesó, y una inmensa paz se apoderó de él. Finalmente, con una serena sonrisa en los labios, Kurt expiró.

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